Refleja las actividades del seminario "La mujer en la historia, ¿victima o protagonista?", dictado por la Dra. Ana di Cesare, en el Centro TERCERA DIMENSIÓN, los lunes de 16 a 19 Hs.
PAMI/2013
Encontrás la versión original, ampliada en
Lo
femenino y lo masculino está determinado por una construcción
discursiva, que es ideológica, y en esa ideología entran los modos de
producción de esa sociedad, temores, fantasías, ideales. Se determina
así que es lo que corresponde a la mujer y que al varón.
Si nos remontamos en el tiempo, hay un antecedente que hace a la forma de ese discurso: la cacería.
Hablamos
de sociedades que debieron cambiar sus hábitos para sobrevivir. El
hombre (y sus ancestros evolutivos), debió adaptarse a los cambios
climáticos que modelaron su dieta. Hace unos 4.000.000 de años, se
produjeron cambios climáticos, se modifica el regimen pluvial, selvas se
convierten en praderas. Nuestros
antepasados se dividirán en dos grupos: uno viajará hacia el sur en
busca de
las selvas y otros se quedarán en las praderas. De estos últimos
provenimos. A
falta de los frutos que generosa proveía la selva, deberá buscar el
aporte calórico de otros alimentos. Se vuelve carnívoro. Primero roba
las presas a otros anmales, luego caza animales pequeños, hasta que
adquiere los recursos técnicos mínimos como para animarse con los de
mayor tamaño. Esto hace que
el varón se vuelva más fuerte, debe realizar largas caminatas, correr.
Desarrolla una importante musculatura, que incrementa el disformismo
sexual con que nos dotó la naturaleza, al tiempo que adquiere funciones
intelectuales y sociales propias.
Cambian
las costumbres sexuales, se distribuyen las hembras entre los machos,
para lograr la solidaridad indispensable en la sociedad masculina, a los
efectos de la caza. Cambia la forma del acoplamiento: el coito se da
cara a cara. Se establece una identidad del compañero sexual y se
generan emociones.
Entonces,
el hombre salía a cazar y la mujer a recolectar, acompañada de sus
crias. El trabajo se divide según los sexos. Esa división del trabajo va
marcando el pensamiento del devenir: la mujer es de la casa y el hombre
del afuera. Se pasa de un determinismo biológico a lo simbólico.
¿Porqué biológico? Porque la mujer no puede cazar, se embaraza, cuida
de las crias, y depende de la provisión energética de la caza, lo que no
hace menos importante el aporte de la recolección.
El
cuidado de las crias era fundamental para la supervivencia del grupo.
Una sociedad con tan pobres recursos, azotada por el hambre, por las
enfermedades, el clima, con altísimas tasas de mortalidad en la
infancia, dependía de la fecundidad de las hembras, de las múltiples
pariciones para extenderse en el tiempo.
¿Se puede estudiar el tema de la mujer en un eje histórico o por patrones culturales?
¿Y, es posible estudiarla fuera de su relación con el varón?
La prehistoria. El hombre en América.
El hombre es un animal simbólico, no responde a los instintos sino a la pulsión.
¿De
qué mujer hablamos cuando nos referimos al género? ¿Cuántas mujeres ha
habido en el decurso del tiempo? ¿Qué es una mujer? ¿Cuáles son sus
emblemas?
¿Cómo
se relacionan los hombres y las mujeres? La lógica binaria
pasivo-activo, la idea de que la mujer permanece en el mundo íntimo de
la casa y el hombre es de la calle. ¿Quién lo determina? ¿Un discurso
social?
Explicamos
el método con el que trabajaremos: la importancia de recordar en un
seminario, no sólo los hábitos, sino el bagaje de cultura popular que
llevamos sin darnos cuenta.
¿Toda nuestra forma de entender las cosas, proviene del pensamiento racional? ¿Qué pasa con el penamiento mágico?
Vamos a darle importancia al mito, a su construcción, función, efectiviodad ¿A qué dimensión nos lleva el mito?
La
cuestión del género, ¿qué tanto se habla? ¿ Es efectiva la forma en que
se encara el tema? ¿La preocupación por las cuestiones de la mujer, es
puramente discursiva?
¿Cómo
somos las mujeres? ¿La violencia es patrimonio masculino? Costumbres
educativas de hace medio siglo. ¿Porqué ls maestras castigaban
físicamente? Un régimen por estamentos.